ODG

Comunicado ODG Huelga Feminista 8M 2021


Llega el mes de marzo y, a medida que avanza el calendario, se acerca el día 8. Este Día de las Mujeres Trabajadoras, de la Huelga Feminista, de pararnos para demostrar que sin las mujeres el mundo no se mueve, llega después de un año atravesado por emergencias y múltiples crisis; ecológicas, sanitarias, sociales, políticas, económicas y financieras, de cuidados, feministas, antirracistas y LGBTQIA+. La lista es larga y cada una de estas realidades que ya vivíamos se han entrelazado con la pandemia de la COVID-19, dificultando visibilizarnos, tejer redes y generar resistencias en las calles, y también desde los hogares.
Vivimos dentro de un sistema capitalista, cisheteropatriarcal, racista, extractivista y colonial, que bajo el impulso de un modelo neoliberal y de procesos de financiarización, destruye las bases materiales que nos permiten vivir dignamente. Es un modelo que se sustenta mediante la acumulación por desposesión, apropiándose de cuerpos, cuidados, vidas, territorios y ecosistemas para sobrevivir y reproducirse, sin entender de necesidades, ciclos regenerativos y límites biofísicos y corporales. Actúa desde exclusiones en bienes comunes esenciales -naturales y urbanos-, y a las soberanías, como son la energética, alimentaria o el acceso al agua, así como las reproductivas, los cuidados, la educación o la salud. Un sistema que implica, en definitiva, la vulneración sistemática de derechos humanos de mujeres, identidades disidentes, migradas, pueblos originarios y futuras generaciones, jerarquizando qué vidas y cuerpos importan.
Confinamientos, cierres perimetrales, Estados de Alarma y la aceleración de procesos de securitización y control han ido de la mano con una intensificación de las desigualdades, violencias y precariedades estructurales que rigen nuestro día a día. Los efectos de cada una de las políticas han sido desiguales y combinadas sobre migradas y racializadas, jóvenes y mayores, identidades disidentes y diversidades funcionales y sensoriales, trabajadoras sexuales, sanitarias y cajeras de supermercado. Cada una de nosotras hemos sido mujeres frontera, la primera línea de cuidados y resistencia, mientras nos veíamos encerradas y aisladas en casa. Es en este contexto que emprendemos el reto de construir un año más la Huelga Feminista –laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo–, y que, como Observatorio de la Deuda en la Globalización, asumimos el reto de pararnos todas, institucionalmente, y que ninguna trabajadora ocupe su lugar de trabajo el 8 de marzo.
La pandemia ha puesto sobre la mesa esta realidad más que nunca, evidenciando cuáles son los trabajos esenciales y en qué condiciones se realizan, y que aquello que tiene más peso económicamente se sitúa de espaldas a nuestra supervivencia. Ha visibilizado la división sexual y transnacional del trabajo y ha expuesto las cadenas de la globalización. Y las respuestas, nos han mostrado las lecciones no aprendidas de las crisis anteriores. Entre recetas de deuda pública y colaboraciones público-privadas, las diferentes esferas de poder que nos gobiernan han ido diseñando planes y discursos de recuperación y transformación. Vuelve el cambiarlo todo para no cambiar nada y, mientras desembolsan grandes cantidades de capital generando nuevos instrumentos económicos, siguen dejándonos atrás y hablando de futuros donde las transiciones son posibles por un 1% de la población, sobre las vidas del 99% restante.
Denunciamos cada una de las complicidades que apuntalan este sistema y exigimos con convicción:
  • Que el acceso a recursos materiales y servicios necesarios para la vida esté en manos públicas y comunitarias. Que el agua, la energía, la vivienda, la alimentación, los cuidados, la educación y la salud, así como disfrutar de entornos sanos y seguros no sean un privilegio. Que se activen redes comunitarias y de apoyo mutuo en cada barrio y pueblo.
  • La derogación de la Ley de Extranjería que criminaliza a las migrantes, y el reconocimiento del estatus de refugiadas: el fin de las devoluciones en caliente y el cierre de todos los CIEs; y la erradicación de todas las formas de racismo institucional, que dejan fuera gran parte de la población, porque ninguna persona es ilegal.
  • Que las leyes garanticen los derechos de todas las mujeres, lesbianas y trans, especialmente para las que sufren formas múltiples e interrelacionadas de discriminación, sin dejar ninguna atrás. Que somos muchas, con realidades y necesidades diversas, y queremos autonomía y libertad para decidir sobre nuestras vidas.
  • Avanzar hacía vidas con justicia feminista, ambiental e internacional, donde las necesidades y la sostenibilidad de la vida estén el centro, haciendo transiciones ecosociales y ecofeministas populares y recuperando soberanías, rompiendo el paradigma de que protestar contra quien nos roba la vida implica violencia y muerte.
  • Erradicar las violencias cisheteropatriarcales que se reproducen en nuestras vidas y cuerpos. Que haya una protección efectiva de las supervivientes en todas las esferas, y se garantice la prevención, atención y recuperación. Que la salud mental sea pública, feminista y de calidad, y se aborde de forma integral y se acepte la diversidad sensorial y emocional, afectiva-sexual, corporal y de género.
  • Construirnos un futuro juntas, libres, vivas, diversas y rebeldes, donde la vida vaya por delante del capital, que sume las genealogías de pensamiento y experiencias pasadas y futuras de los movimientos feministas, ecologistas, sindicales, rurales, barriales, sociales y transfronterizos.

Las deudas, austeridades, recortes, privatizaciones y violencias que nos rodean sentencian nuestro día a día y nos negamos a que sea siempre así. Nosotras, como trabajadoras del ODG, creemos que es importante transitar hacía los ecofeminismos como entidad, desde miradas conscientes, territorializadas y democráticas, desde el respeto, la ética colectiva de los cuidados y la ecología profunda.

Este 8 de marzo de 2021, como Observatorio de la Deuda en la Globalización, nos sumamos a las acciones combativas de nuestros barrios, pueblos y ciudades de camino a la Huelga Feminista. Nos reafirmamos en nuestro compromiso y trabajo con los movimientos sociales feministas, ecologistas, internacionalistas y de defensa de los bienes comunes para un cambio sistémico. Hacemos paro institucional, no trabajamos y no nos quedaremos en casa.
#Imparables ♀︎
#8MJoNoEmQuedoACasa

Contenido relacionado

La huella del turismo. Ciclo sobre impactos y alternativas al modelo de producción turístico

emma

Testimonios en vídeo del Juicio Popular Castor

emma

Historia repetida: cómo fracasan las asociaciones público-privadas

Maadix