Las miradas de la economía feminista problematizan el sistema que prioriza la acumulación de capital a la sostenibilidad de la vida. El dossier ‘Llama Ecofeminista’ resume las jornadas del I Encuentro de Economía Feminista de Abya Yala celebrado en Buenos Aires el 2025.
El año 2025 viene marcado por las lógicas de un sistema biocida: más prácticas extractivistas, más acaparamiento económico en pocas manos y más privatizaciones de bienes comunes y servicios públicos. Como consecuencia: más destrucción de ecosistemas, más retroceso de derechos básicos y aumento de las desigualdades sociales. Vivimos en un sistema socioeconómico que se sostiene y se construye a través de pactos, de organizaciones y de instituciones políticas responsables de esta realidad. Se materializa así un conjunto de discriminaciones y violencias hacia amplias capas de la sociedad: violencias patriarcales, racistas, clasistas, que impactan –de manera diferenciada– en las personas y en la desprotección de sus derechos básicos; estructuras políticas que generan y perpetúan conflictos bélicos y genocidios, como el de Gaza, ejecutado con la complicidad de los gobiernos del Norte Global. Es un año que destaca también por el auge de la extrema derecha, la representación de la cual ha crecido en muchos países, y con exponentes que están al frente de gobiernos, como Benjamin Netanyahu, Donald Trump, Viktor Orbán, Javier Milei y Giorgia Meloni, entre otros.
Las miradas desde la economía feminista radical problematizan este sistema –socioeconómico, político, civilizatorio–, que prioriza la acumulación del capital a la sostenibilidad de la vida. Un sistema, como decíamos, biocida, que pone en riesgo todas las vidas, humanas y no humanas, de todos los ecosistemas, de manera desigual y diferenciada, algunas en una situación de más vulnerabilidad que otras. Las economías feministas, en su análisis, señalan las crisis cruzadas, superpuestas y multidimensionales –desde la perspectiva económica, política, ecológica, social y de cura–, que vertebran, en síntesis, una crisis de la reproducción social.
Romper el binomio producción-reproducción
Una de las aportaciones de la economía feminista de la ruptura –partiendo del foco de la importancia de la reproducción social y entendiendo que el trabajo doméstico y los cuidados son trabajos necesarios, que se tienen que valorar y redistribuir– es romper con la lógica del binomio producción-reproducción a la economía y entender también que, en la reproducción de la vida, nos tenemos que plantear nuestra relación con la naturaleza, con los ecosistemas. Y aquí es donde entra la mirada de los ecofeminismos.
Las autoras de este dossier nos identificamos con esta mirada, que cruza a la vez la perspectiva feminista con el ecologista. Los ecofeminismos son varios, pero comparten la crítica al modelo económico extractivista y biocida que nos ha conducido al escenario de crisis de reproducción social. Y también, especialmente, constituyen una herramienta de análisis propio y un conjunto de propuestas políticas con cimientos filosóficos y éticos diferenciados a los de la economía clásica y hegemónica. Las propuestas construyen, a la vez, procesos y transiciones –ecosociales y ecofeministas–, que tienen como horizonte nuevos modelos que pongan en el centro la reproducción de todas las vidas; que apuesten por la redistribución y el decrecimiento y no por la mercantilización de los bienes comunes.
Las mujeres y las identidades disidentes, con nuestra trayectoria diversa, hemos sido presentes en todos los ámbitos necesarios para la vida, para el bienestar y cobertura de necesidades, tanto materiales como inmateriales. También, con una mirada de suficiencia en esta cobertura y equilibrio con el impacto ambiental. Encarnamos las alternativas, desde el ámbito de los cuidados, pasando por la salud, la educación, la energía, el agua o la vivienda. Vertebramos estas transiciones ecosociales y ecofeministas a favor de la reproducción social y en nuestra relación con los territorios, los ecosistemas y la naturaleza.