Público | Más allá de los combustibles fósiles: de la cancelación de la deuda a la fiscalidad justa


Los impactos de la guerra de EEUU e Israel contra Irán muestran una vez más la necesidad urgente de salir de la trampa fósil y de avanzar hacia una transición globalmente justa que supere las dependencias económicas estructurales. Enfrentará estos retos la I Conferencia Internacional sobre la Transición de los Combustibles Fósiles, en Santa Marta (Colombia).

El contexto global nos pone de manifiesto, una vez más, la crueldad y el sufrimiento humano causados por las guerras. Pero también revela, de nuevo, los riesgos estructurales de la dependencia de los combustibles fósiles y la necesidad de tomar acciones para acabar con la trampa fósil. Desde el ataque militar lanzado el 28 de febrero de 2026 por Estados Unidos e Israel contra Irán, el mundo ha vuelto a entrar en una profunda crisis energética que según Fatih Birol, Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, será «más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas». El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha cortado cerca del 20% del flujo de petróleo transportado por mar. Tras el alto el fuego del 8 de abril 2026, el tráfico marítimo no se ha recuperado, y ningún país del mundo es inmune a sus impactos. Similar a la crisis energética global vivida tras la invasión de Ucrania por Rusia en 2022, nos enfrentamos a la escasez de combustibles y fertilizantes, pérdidas de producción, recesión económica e inflación. La población lo está notando ya en las facturas de suministros  a la hora de llenar la nevera, cuando la cosecha escasea por la dependencia que tiene la industria alimentaria de los fertilizantes.

Parece que no podríamos estar más lejos del objetivo de implementar políticas urgentes para una transición verde globalmente justa. En un contexto que confirma la dependencia de la energía fósil, y en medio de una profunda crisis del multilateralismo, tendrá lugar la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición de los Combustibles Fósiles, organizada conjuntamente por el Gobierno de Colombia y los Países Bajos, en Santa Marta, Colombia. Más de cincuenta gobiernos, autoridades subnacionales y delegaciones de la sociedad civil se reunirán para discutir rutas de salida del carbón, el petróleo y el gas, después de que la COP30 no consiguiera incluir el abandono de los combustibles fósiles en su texto final. Aunque éste es un espacio nuevo que todavía tendrá que hacerse valer en el escenario internacional, ofrece una oportunidad de mirar más allá: conectar la más que necesaria transición energética con la necesidad de superar dependencias económicas estructurales, como la elevada deuda pública externa y los limitados ingresos fiscales para financiar una transición justa.

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