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La justicia financiera en el foco


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Comprender las desigualdades mundiales para superar la injusticia financiera

Autorías y personas colaboradoras
Este informe ha sido recopilado por los socios de Citizens for Financial Justice y otros colaboradores, coordinados por Flora Sonkin y Stefano Prato, Society for International Development (SID); Ida Quarteyson y Matti Kohonen, Christian Aid; y Nicola Scherer, Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG). Un agradecimiento especial a Karen Judd por la edición de textos.

Introducción: Flora Sonkin y Stefano Prato, Society for International Development (SID); con la ayuda de Matti Kohonen, Christian Aid.
Alimentación y tierra: Philip Seufert, FIAN International.
Sanidad: Nicoletta Dentico, Society for International Development (SID).
Derechos de las mujeres: Rosana Miranda y Marcos Lopes Filho, Christian Aid; Renata Moreno y Miriam Nobre, Sempreviva Organização Feminista (SOF); y Janice Førde, KULU – Women and Development.
Vivienda: C.J. (Kees) Hudig, Globalinfo; y Éilis Ryan, Financial Justice Ireland; con la colaboración de Zsófia Miklós, DemNet.
Infraestructuras: Xavier Sol, Counter Balance; y Nicola Scherer, Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG); con revisiones de Aleksandra Antonowicz-Cyglicka, Polska Zielona Sieć /Polish Green Network; y Elena Gerebizza, Recommon.

 

Resumen ejecutivo

El aumento de las desigualdades entre el Norte y Sur Global, entre los económicamente privilegiados y los marginados, y entre diferentes sexos e identidades raciales, han sido históricamente reproducidos e intensificados durante generaciones y están definiendo las relaciones socioeconómicas y culturales de nuestro tiempo. Por ejemplo, aunque existen retos mundiales, como el cambio climático y la degradación medioambiental, que afectan indudablemente a todas las personas que viven en la tierra, lo cierto es que no nos afectan a todas por igual. Las diferencias en la posición geográfica, el estatus económico, el sexo y la edad, todo entra en juego si observamos los grupos que están sufriendo sistemáticamente las duras consecuencias del cambio climático.

Las causas de esta situación se encuentran en las normas actuales de nuestra economía mundial, que reproducen un círculo vicioso de desigualdad: la desigualdad en el crecimiento económico y la concentración de la riqueza aumentan la desigualdad política. Porque se favorece la capacidad de las élites corporativas y financieras de influir en las decisiones políticas con el fin de proteger su riqueza y privilegios. Por tanto, los elevados niveles de desigualdad se transmiten de unas generaciones a otras generaciones, culminando en disparidades a largo plazo y en la injusticia percibida por los grupos marginales.

Desde el golpe de la crisis financiera mundial de 2008, las estructuras de gobierno y las (des)regulaciones económicas que nos han traído hasta la situación actual, como la expansión sin control del sector financiero sobre el resto de la economía o la “financiarización”, han hecho saltar todas las alarmas sociales. Mientras los bancos más importantes fueron rescatados con el dinero de los contribuyentes, los estados rechazaban sus obligaciones con los derechos humanos básicos. Adoptaron medidas de austeridad, creando impactos generalizados sobre la vida de personas de todo el mundo. Las consecuencias han sido la reducción del acceso de las comunidades a los recursos naturales comunes y la restricción de la provisión de servicios públicos básicos como sanidad y vivienda a los grupos más desfavorecidos.

En los últimos años, el significativo aumento de las desigualdades dentro y entre países ha puesto esta cuestión en el punto de mira de los debates internacionales de desarrollo. La Agenda de 2030 reconoció la gestión de sus múltiples facetas (económica, política y social) como uno de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), señalando el compromiso de la comunidad internacional de reducir las desigualdades.
Para aprovechar este momento, los pasos necesarios para la transformación del sistema socioeconómico y alcanzar la justicia social son comprender los motores contemporáneos principales de las desigualdades y encontrar estrategias comunes para gestionarlos.

Mirar a nuestros retos actuales a través de la lente de las desigualdades ofrece, por tanto, un potencial de transformación destacable: afrontar las desigualdades en su carácter multidimensional – social, político, económico, espacial e intergeneracional – puede convertirse en una especie de nueva guía en un mundo complejo. Un objetivo general para avanzar en el desarrollo sostenible y gestionar las causas principales de la exclusión. Como parte de este esfuerzo, el presente informe plantea la cuestión de las desigualdades mirando a uno de sus principales motores actuales, la financiarización de nuestra economía mundial, al igual que su contrapartida, la justicia económica.

A través de cinco capítulos temáticos: 1) alimentación y tierra, 2) sanidad, 3) derechos de las mujeres, 4) vivienda y 5) infraestructuras, el informe muestra que el aumento de las desigualdades y la expansión sin precedentes de la industria financiera, como uno de sus motores contemporáneos clave, han sido creados y reproducidos mediante reglas de juego sesgadas e injustas. Existe, por tanto, una necesidad urgente de que las personas se muevan para converger alrededor de una agenda común que recupere nuestras economías, reclame los servicios públicos y proteja nuestros recursos naturales comunes. A través de este informe queda claro que la resistencia a nivel local ante la penetración de los actores financieros es extremadamente importante, y a la vez, confrontar los motores de la desigualdad que ahora son mundiales, como la financiarización, también requiere esfuerzos concertados en niveles superiores de creación de políticas. Se proponen cuatro pilares de acción:

    •  Promover el conocimiento compartido y continuar cuestionándose la dinámica de la financiarización: Es esencial despertar la conciencia de la gente alrededor de los verdaderos impactos de la financiarización en sus vidas y proporcionar herramientas de análisis nuevas para cuestionar la dinámica actual. Desafiar las desigualdades y cómo la multiplicidad y la expansión de los actores y servicios financieros están contribuyendo al problema puede evitar la complicidad no intencionada, particularmente dada la forma encubierta en la que esta dinámica se infiltra en los múltiples dominios de la vida;
    • Resistir los constantes intentos de alejar la toma de decisiones de los espacios políticos legítimos y democráticos, a menudo con el argumento de las “oportunidades definanciación” para hacer avanzar el progreso: A nivel local y nacional, apoyar a la resistencia de los movimientos sociales frente a proyectos, políticas y otras intervenciones peligrosas respaldadas por actores financieros mundiales puede ser una forma efectiva de defender los derechos de las mayorías y poner cara y forma a una lucha que muy a menudo se considera inmaterial y difícil de conseguir;
    • Reafirmar la soberanía nacional para reestablecer límites saludables a la liberalización financiera y proporcionar una financiación crítica para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): La última crisis financiera mundial ha expuesto críticamente las vulnerabilidades de un sistema financiero liberalizado y centrado en el sector privado. Sin embargo, muchas de las condiciones estructurales subyacentes que llevaron a la crisis solo han sido tratadas de forma superficial, si es que han sido tratadas. Por lo tanto, es esencial reestablecer la soberanía nacional para ayudar a evitar la nueva crisis al tiempo que se proporciona una financiación crítica para el desarrollo sostenible. Esto demanda la explotación del potencial de los bancos de desarrollo nacionales, restaurando la gestión de flujos de capital dentro de las herramientas políticas de los gobiernos, y presentar un sistema de impuestos a las transacciones financieras, entre otras medidas;
    • Democratizar la gobernanza económica mundial: A nivel mundial, la justicia social y las narrativas basadas en los derechos deben encontrarse en el centro del proceso para reformular las instituciones internacionales y cambiar la gobernanza económica mundial. Las diferentes luchas sectoriales se deben unir bajo una agenda común, abogando por la reforma de instituciones existentes y el establecimiento de nuevas que sean capaces de regular los nuevos actores financieros de rápida evolución, y que puedan devolver la financiación a una contabilidad y control democráticos. Esto no solo exige construir una convergencia sobre las propuestas existentes referentes a nuevos pilares críticos de una gobernanza económica democratizado, como una entidad fiscal intergubernamental y una institución de ejercicio de deuda soberana bajo la tutela de las Naciones Unidas, sino también dirigir el vacío institucional a la hora de regular los actores financieros, principalmente aunque no de manera exclusiva, la industria de la gestión de activos. Dichas medidas podrían traducirse en una mejora de la transparencia, la participación y el control público de la creación de políticas fiscales y financieras a nivel nacional y mundial.

Ha llegado la hora de reconocer las luchas de la gente que resisten las múltiples facetas del proceso de financiarización. Como también de hacer confluir las estrategias para dirigir las múltiples dimensiones de la desigualdad. De esta manera se puede alcanzar la justicia financiera. ¡La hora del activismo por la justicia financiera es ahora!

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