Fenómenos meteorológicos extremos e intervención en la emergencia


Resumimos la jornada de formación y debate sobre fenómenos meteorológicos extremos e intervención en la emergencia que organizamos en Barcelona el pasado diciembre. Con tres ponencias iniciales para generar un espacio formativo, las ideas clave abordan el rol de la administración, de la comunidad y de la ciencia para afrontar las emergencias sin dejar nadie atrás.

En el espacio Administración se puso de relieve graves carencias en la planificación y gestión del riesgo ante las emergencias, especialmente en cuanto al urbanismo en zonas inundables, la carencia de coherencia entre informes técnicos y decisiones políticas, y la débil coordinación entre administraciones. Se criticó que muchas decisiones se toman de espaldas a la ciencia, condicionadas por intereses económicos, y que la legislación actual no mujer respondida a los riesgos reales del cambio global, más allá del cambio climático. También se señaló la necesidad de planes de actuación claros, información transparente y sistemas de alerta que no solo informen sino que orienten la acción, evitando a la vez la generación de miedo o falsas alarmas. Se remarcó la importancia de reforzar la prevención, revisar la ordenación del territorio con criterios más restrictivos, valorar el coste —económico y social— de no actuar, y proteger especialmente los colectivos más vulnerables.

A la vez, se destacó el papel clave del tejido comunitario y la necesidad de avanzar hacia un modelo de protección civil público-comunitaria. La comunidad tendría que estar presente desde el inicio en la elaboración de los planes, aprovechando su conocimiento del territorio y su capacidad de organización, como ya pasa con experiencias como los comités de reconstrucción o las ADF en la gestión de incendios. Se propusieron iniciativas como los Resilience Hubs en equipaciones públicas, con gestión comunitaria y sistemas autónomos de energía y comunicación, así como la replicación de las alertas a través de redes locales. Finalmente, se subrayó que la administración tiene que dejar de ver la sociedad civil como un contrapoder, ceder responsabilidades y capacidad de gestión, y ponerse realmente al servicio de la comunidad, tanto en la prevención como en la postemergencia.

El espacio de retorno del espacio formativo durante la jornada sobre la respuesta comunitaria a los fenómenos meteorológicos extremos

 

En el espacio Comunidad se destacó la importancia de recuperar y sistematizar los aprendizajes de contextos recientes como el de València, así como de experiencias del Sur Global, como Moviac en El Salvador. Se hizo valer el papel de las redes comunitarias ya existentes y la necesidad de que la administración las reconozca y los transfiera recursos para poder prepararse adecuadamente. Estas redes pueden actuar como canales clave de información, como espacios desde donde organizar la ayuda y comunicar necesidades, y como estructuras con un conocimiento profundo del territorio, de las vecinas y de las necesidades concretas, especialmente en cuanto a las personas en situación de vulnerabilidad.

También se señaló que en aquellos territorios donde existían redes previas, la respuesta en las emergencias fue mejor, mientras que incluso las unidades de emergencia encontraron dificultades para actuar a causa del desconocimiento del territorio. En este sentido, se subrayó la necesidad de mejorar la comunicación entre redes y sectores, como por ejemplo ateneos, espacios comunitarios y federaciones vecinales, así como de generar más conciencia dentro de los espacios comunitarios. Finalmente, se remarcó la importancia de garantizar la participación de la población en la elaboración de los planes de emergencia municipal.

las redes comunitarias pueden ser canales clave de información, espacios desde donde organizar la ayuda y comunicar necesidades, y estructuras con un conocimiento profundo del territorio, de las vecinas y de las necesidades concretas, especialmente en cuanto a las personas en situación de vulnerabilidad

En el espacio Ciencia se destacó, en primer lugar, la necesidad de fomentar el trabajo interdisciplinario como herramienta clave para afrontar los retos actuales, así como la importancia de construir un lenguaje común que permita el entendimiento y la colaboración efectiva entre disciplinas diversas. Esta necesidad se vinculó estrechamente con la transferencia de conocimiento, entendida no solo como un ejercicio de comunicación, sino también como un proceso de sensibilización y de creación de puentes entre la ciencia y la comunidad.

En este marco, se subrayó que la transferencia de conocimiento no debería ser unidireccional, sino que debería facilitar espacios de interacción y diálogo, lo que permite el intercambio entre el mundo científico y la sociedad. Esto condujo a la reflexión sobre el papel de la ciencia en la toma de decisiones, poniendo sobre la mesa la cuestión de cómo el conocimiento científico bote y tiene que acompañar estos procesos.

De los espacios de debate y cierre se pueden extraer algunas conclusiones:

  1. La realidad estructural. Según el ámbito, se apunta el urbanismo, la ordenación del territorio, las zonas inundables, los refugios climáticos; o se denomina como intereses económicos, modelo económico o sistema capitalista. La realidad es que la intervención en las emergencias se da en una realidad estructural que no le es favorable.
  2. Hay que mejorar la coordinación entre los tres ámbitos pero también dentro de los mismos ámbitos, es decir, las diferentes ramas de la academia, las diferentes administraciones públicas y los diferentes grupos sociales implicados.
  3. Hay una ausencia de la Comunidad como uno de los espacios de referencia por la respuesta de emergencias. La “unidad de referencia” suele ser los individuos, la ciudadanía, la familia, pero no se apela al tejido comunitario porque no está muy identificado.
  4. Hay que seguir innovando en modelos de gobernanza compartida que permitan articulaciones más complejas entre los actores de la sociedad civil, la academia y la administración pública, por ejemplo, a través de colaboraciones público-comunitarias.
Sesión de experiencias desde los territorios en respuesta a las emergencias causadas por fenómenos meteorológicos extremos, con voces de Puerto Rico, País Valencià y Catalunya

Intervenciones desde el ámbito administrativo, científico y comunitario

Compartimos algunas de las ideas clave recogidas durante el espacio formativo de la jornada que llevamos a cabo el diciembre pasado.

Carme Llasat Botija, catedrática de Física de la Atmósfera del Departamento de Física Aplicada de la Universitat de Barcelona y presidenta del Observatorio de la Inundabilidad, ha explicado que la fórmula del riesgo depende de tres factores: la peligrosidad, la vulnerabilidad y la exposición. Hoy en día, se identifican un gran número de fenómenos meteorológicos extremos, también en Cataluña, que comportan la creación de nuevos protocolos de protección civil. Por ejemplo, las inundaciones que nos afectan son repentinas y con tiempos de respuesta muy cortos.

El impacto del cambio climático antropogénico ha causado una subida de temperatura. Actualmente, se encuentra en 1,6 °C respecto al periodo preindustrial. ¿Qué implica? Tenemos un aumento de la evaporación y la evapotranspiración, algo vinculado muy directamente a la sequía. Ahora son más intensas. La evaporación más grande provoca un aumento de la masa de agua en la atmósfera, y esto puede comportar una cantidad más elevada de lluvia, pero que cae irregularmente. También tenemos un aumento de la temperatura del mar, favoreciendo el calentamiento de la masa de aire y la pérdida de vapor. Todo ello contribuye al nacimiento de grandes tormentas. Sobre cómo afrontar estos fenómenos, Llasat señala que necesitamos garantizar la capacidad de detección, seguimiento, análisis, predicción, para después poder hacer la alerta, diseminarla; y la preparación y capacidad de respuesta. Todo ello son momentos de un cronograma que tiene que estar activo durante todo el año, a disposición de las emergencias sobrevenidas o de las cuales podemos tener cierta previsión.

Para Montserrat Font Fabra, jefe del Servicio de Gestión de Emergencias del Centro de Coordinación Operativa de Cataluña (CECAT, la ciudadanía tenemos derecho a recibir información y participar en las emergencias, y unos deberes de autoprotección y de actuación. Hay que tener en cuenta todas las fases de actuación, que incluyen la planificación, la formación y el traspaso de información en la población, la previsión (Servicio Meteo, ACA, etc.). Y si hace falta, entonces toca activar los planes de emergencias, pero que tienen que llegar con todo el trabajo previo hecho si queremos garantizar el bienestar colectivo.

Sergi Varela Pertegàs, docente e investigador del Departamento de Psicología Social y Psicología Cuantitativa (UB), ha hecho la última intervención formativa. La sociedad percibe el riesgo o procesa la información del riesgo de manera emocional o cognitiva que pasa por toda una serie de criterios vinculada a creencias, sesgos o heurísticos. Pero la mayor parte de la percepción del riesgo es social en relación con la creación de significados sobre el entorno y sobre las situaciones y compartirlos. Por lo tanto, hay una construcción social del riesgo.

No podemos estar permanentemente en alerta, nuestros cuerpos y nuestras mentes no pueden sostenerlo. Pero como la percepción del riesgo es de construcción social, la comunidad puede reforzarla al alza o a la baja. Si trabajas la construcción social del riesgo, es más fácil que se pueda afrontar de manera comunitaria.

 

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